Mis padres me usan de vaso comunicante cuando no se hablan

Nada más injusto que los hijos estén en la posición de intermediarios de dos personas “adultas” que los utilizan como mensajeros en medio de sus conflictos y diferencias. Cuando no es que los utilizan para mantenerse en situaciones que ya no tienen remedio, entonces el hijo se convierte un una especie de malla protectora y vocero de un matrimonio muerto o moribundo, o simplemente para mantener la dinámica de su relación enferma.

 

No solo los usan como vaso comunicante mientras no se hablan o están bravos, sino que en muchas oportunidades los usan como la forma de resolver sus problemas jugando a los “buenos padres” para solapar las diferencias entre ellos o simplemente manipulando y haciéndose los locos, mientras el hijo es atropellado descargando sobre él la molestia, el enojo y la frustración que sienten por su pareja, sin darse cuenta del maltrato emocional que generan hacia los hijos. ¿Estos son verdaderos padres, o, sólo progenitores?

 

 

Parafraseando a Franco de Vita en su canción: “No basta traerlos al mundo, porque es obligatorio, porque son la base del matrimonio o porque te equivocaste en la cuenta. Ni basta con llevarlos a la escuela a que aprendan porque la vida cada vez es más dura”. Ni llenarles la panza de comida y la boca con un apellido.

 

Porque no es posible que puedan crecer sanos emocionalmente si les toca estar quietos para que alguno de sus padres no se moleste con el otro, mantenerse en una obediencia con la creencia de que su forma de conducirse es lo que provoca los pleitos que son sólo de ellos, que cualquier movimiento en falso o equivocación, como es normal para quien se está formando, destruye la relación de esos padres.

 

Conozco a una brillante terapeuta que dice una frase bien descriptiva para esto: “SE CAEN A HIJAZOS”, el hijo se siente frustrado cuando en medio de la batalla de sus padres no puede conseguir que al menos se traten mejor, con respeto. Entonces se presta de correo, siendo el más agredido e irrespetado.

 

Poner al hijo de recadero pudieran verlo como que no tiene importancia, pero es, tal vez, el maltrato más sutil y dañino que se les puede infringir.

 

Esto ocurre independientemente que sean hijos -biológicos o adoptados, de padres separados o divorciados, o, que están en vías de separación o divorcio, y muchas veces los de aquellos que mantienen su vínculo legal o siguen conviviendo, pese a que su relación está plagada de tensiones y se ha transformado en un campo de batalla.

 

El hijo por amor y lealtad se presta para tales fines, mientras se siente destruido y comprometido en un problema que no es siquiera de su incumbencia, no sólo se ve en los niños pequeños sino en hijos de todas las edades.

 

Emplear a los hijos cuando los padres no se hablan, están bravos o en proceso de separación es muy injusto porque muchos de los adultos que lo hacen encontrarán, tal vez, si es el caso, más temprano que tarde otra pareja, pero al hijo le dejan marcas para toda la vida y le roban esos pocos años que dura la infancia.

 

Mucho se habla que los hijos de padres divorciados son los que sufren estos embates de sus padres, sin embargo esto no es cierto, muchos matrimonios y parejas con hijos se mantienen juntos “por los hijos”, pero ante la pregunta que si es el divorcio o las querellas entre los padres lo que causa mayor daño a los hijos, los estudios y estadísticas importantes realizadas de éxito social, económico, intelectual y psicológico, como le refiera la Dra. Bettelhim. (Especialista en Familia), y que datan de 20 años atrás han demostrado que la mayoría de hijos adultos provenientes de familias divorciadas no son peores que las de sus similares cuyos padres permanecieron casados. Esta controversia aún está presente en nuestros días.

 

Los pleitos entre los padres son problemas sólo de ellos, no son asunto del hijo y así se debe mantener para su propia salud emocional, separarse puede ser una bendición en estos casos en que no se pueden seguir amando ni respetando, y saber que los hijos que viven el divorcio de sus padres por lo general son más maduros, a menudo crecen siendo muy fuertes, independientes, confiables y adaptables a las circunstancias que se le presentan en la vida, porque les es beneficioso salir del medio conflictivo del matrimonio, después que los padres se separan los conflictos van desapareciendo y los hijos se recuperan. Mientras que las familias que viven en unas diferencias irreconciliables y conflictos permanentes, estos hijos suelen experimentar los problemas que se le atribuyen a los divorcios: ansiedad, depresión, autoestima baja, mucha dificultad a la hora de relacionarse con parejas, elecciones erróneas, hasta la delincuencia.

 

Como podemos notar, los conflictos, las separaciones o divorcios, sino la forma en que se lleven es lo que puede dañar a los hijos.

 

Es imprescindible comprender que para él hijo/a la situación no es fácil, y se ponen en una encrucijada donde el hijo/a quiere que todos estén bien, y no siempre puede lograrlo.

 

Pensar en el niño pasa por intentar la cordialidad y el respeto que por lo general suelen ser opciones mucho más eficientes que mantenerse resentidos, en guardia o crear conflictos, porque desde ahí el niño está en segundo plano.

 

Los hijos se alimentan del amor que se tienen sus padres y cuando se acabó el amor, estos se alimentan del respeto y el cariño entre ellos. Cuando lo que hay son pleitos, diferencias, faltas de respeto, descalificaciones, golpes y maltratos, estos se convierten en su alimento de primera mano. Mucho más cuando ellos son usados de vaso comunicante cuando no se hablan...

 

Publicado en el Diario de Caracas el Sab, 25/01/2014 - 22:58