Taller: Haz que Valga la Pena... - Marzo 2016

Para Salir del Pozo, Hay que Dejar de Cavar

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Taller: Rupturas, Duelos y Despedidas

Las rupturas, los duelos y las despedidas se presentan ante la pérdida de relaciones con personas, animales, empresas, empleos, objetos, etc., emocionalmente significativos.  No sólo en relaciones que hayan sido satisfactorias y llenas de amor, sino también en aquellas que se han caracterizado más bien por enfermedades, luchas, peleas y resentimientos mutuos que por amor.

Sin quererlo, estas relaciones las mantenemos vivas  suprimiendo las emociones, otorgándoles gran valor y el poder en nuestras vidas. Sobre todo, cuando el presente no nos resulta excitante, o nos sentimos incapaces de comprometernos con otras personas en oportunidades pensamos en relaciones pasadas, o también usamos el resentimiento como excusa para no acercarnos al objeto de tal resentimiento.

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Taller: La Pareja

LA PAREJA es un espejo donde me miro, puede resistir algunos golpes o alguna fisura y seguirme viendo completo en él, más si lo golpeo muy fuerte y lo rompo, por más que quiera y pueda reunir sus pedazos y pegarlos nunca volveré ni volverá a verme del mismo modo...    Por más que trate de arreglarlo, me veré en pedazos discordados, veré una imagen distorsionada; que es la misma que recibe ese espejo.
Irene Specht

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Taller Residencial: "Para Salir del Pozo, Hay que Dejar de Cavar"

Para Salir del Pozo, Hay que Dejar de Cavar

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Taller: La Sexualidad como un Todo

“Confío en ti”... “Al abrir espontáneamente los brazos, los esposos reafirman, tanto por el contacto como por la palabra, su mutua confianza y renuevan su compromiso”...

“La liberación” ha llegado a la sexualidad; siendo necesario acabar con los tabúes y los mitos que la oprimían y la deformaban...    Entonces llegaron diversos grupos que se fueron a su conquista: mercaderes que la degradaron y la pornografía le extrae de la carne su peso en oro.  Los médicos que la han convertido en algo banal, y la sexología convierte el placer en una función más.   Los materialistas la han tornado en aséptica, y el sexo-deporte en una actividad higiénica, de la que quedan excluidos los sentimientos.  Entonces el llamado amor físico ha pasado del confesionario al botiquín de farmacia o al gimnasio.

 

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